jueves, 12 de abril de 2012

Nunca pude aprender a tocar el piano: 4 momentos sublimes de la historia del cine

El viejo Joe no gozó nunca de una familia bien remunerada que le permitiese obligar a su primogénito varón a tocar un instrumento. A lo máximo a lo que llegamos fue a darme a elegir entre clases de natación o apuntarme a un equipo de baloncesto. La historia sabe que cometimos un error y ahora en lugar de gozar con una buena base de cuerpo de nadador, tengo una colección de capsulitis galopantes en la mayoría de nudillos. Por culpa de esto y de que a lo máximo a lo que llegué nunca fue a tocar el cumpleaños feliz con un organillo Casio, siempre me fascinaron las escenas de películas en las que aparece alguien tocando el piano como si fuese una puta leyenda.

Aquí he seleccionado los cuatro momentacos que siempre me han hecho arrepentirme por no haber nacido en una familia acomodada de Galicia que me hubiera permitido no dar un palo al agua hasta mi post-adolescencia.

Aquí el bueno de Mozart le hace un freestyler al jodido Salieri.




El pobre empollón agobiado por la mala vida después de fracasar en las altas escalas de la música se dedica a hacer el freak con notable resultado en un bar de comidas rápidas.



El pobre pianista después de meses sin poder mover los deditos a causa del frío y del antisemitismo, se encuentra por casualidad un piano y un nazi con sentimientos tróspidos y decide utilizarlo para salvar su culo.



Dos de los hermanos Marx se ponen ahí a darle al asunto haciendo un dueto como si no fuera con ellos.



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