miércoles, 9 de mayo de 2012

Asesinos ilustrados (1)

Federico García Lorca, alias "el Chica", fue uno de los asesinos más sanguinarios de la historia negra de España. En los primeros compases de su biografía criminal, el Chica utilizaba sus extremadamente finos dedos de pianista para introducir el índice y anular en las fosas nasales de las preciosas muchachas de los pueblos de la provincia de Granada, todo mientras ellas dormían plácidamente después de un atropellado sexo frugal con García Lorca. En esta fotografía de archivo, el Chica está siendo juzgado y sentenciado a muerte durante la primavera de 1938. La ejecución no se llevaría a cabo, pues consiguió escapar cuando el furgón que lo llevaba a morir de madrugada chocó con un asno perdido. Se mantuvo en paradero desconocido hasta la fecha de su muerte. Su aspecto aniñado, sus modales exquisitos y su sentido sobrio pero elegante de la moda le procuraron una segunda vida como mâitre en un restaurante del centro de Madrid, sin embargo, el instinto asesino volvió a manifestarse en él y cada mes limpiaba de sangre un cuchillo para untar mantequilla sustraído de su lugar de trabajo.

Agatha Christie es conocida por todos los ingleses como la dama británica del crimen. Debajo de esa máscara de cera macilenta que simula con pulcritud los rasgos de pre-anciana de clase adinerada, Agatha -cuyo verdadero nombre era John Picklewood y cuyo peinado era fruto de su propia mata de pelo y no de una peluca femenina- se adentraba con sigilo y disimulo en todas las fiestas que las embajadas erradicadas en Londres celebraban los días de fiesta de cada país. Allí, aprovechando las colas del baño para maquillarse o esnifar rapé, se ganaba la confianza de sus víctimas, todas jóvenes casaderas de alta estofa, y una vez dentro del excusado usaba una solución somnífera para poder abusar sexualmente de ellas con su tremendo pene, el cual hoy se conserva en un tarro con formol para estudiar la relación entre su elefantiasis y su psicopatía. Acabó sus días en la penitenciaría de Sussex, en la que sus veinte compañeros de celda abusan sexualmente de ella mientras le agarraban del peinado ensortijado que le obligaban a llevar.
Pablo Muñoz acabó recientemente con sus huesos en el psiquiátrico penitenciario de Fontcalent (Alicante, Països Catalans) acusado de esquizofrenia paranoide con brotes psicóticos y pelo regular. En esta fotografía de archivo, Alvy Singer -el apelativo que utilizaba en los foros de cine documental en los que se citaba con sus víctimas- es sorprendido saliendo de su mansión familiar en las afueras de Sant Cugat del Vallés. Singer es un apasionado de la serie B y de la literatura de derribo, sin embargo, su odio de clase hacia las élites de la cultura snob le llevó a postularse como agitador cultural en Barcelona. Su primer y único crimen se conoce como "La matanza de la cripa del Raval".  Durante un ciclo de charlas sobre la relación entre la Post-modernidad , la Post-post-modernidad y el vibrato tenso en el canto de Joan Manuel Serrat, Pablo Muñoz se arrancó una peluca y le mostró al público atónito un intento de cresta apache, mientras que metralleta en ristre, repartió la muerte y el dolor entre los cuarenta y cinco asistentes que allí se encontraban. Actualmente, un pequeño grupo de seguidores de Pablo Muñoz, ha convertido La Cripta de La Central del Raval en un incómodo lugar de peregrinaje. 
Roberto Bolaño es considerado un asesino de leyenda que falleció hace más de diez años después de una larga enfermedad que lo postró en la cama durante varios meses. Su implicación en los crímenes de varios colegios de la costa de Tarragona no se descubrieron hasta que al abrir su ordenador portátil se encontró un archivo completo con la planificación de sus actos. Bolaño fue profesor de ciencias de la naturaleza hasta en diez centros de enseñanza primaria diferentes, no siendo renovado su contrato en ninguno de ellos debido a la falta de apego por la profesión de maestro que declaraba en cada claustro de profesores. Durante el curso o cursos escolares en los que permanecía como docente, Bolaño utilizaba la "solanina" un veneno tóxico que extraía de las berenjenas crudas, las patatas verdes y el tomate pocho para destilarlo en el aire acondicionado de la sala de actos de cada escuela. Durante la tradicional obra teatral de "Els Pastorets" que se representa en los días previos a las vacaciones de navidad, Bolaño conseguía que en las diferentes actuaciones de los diferentes cursos cayese fulminantemente muerto algún abuelo o padre por culpa del paro cardíaco que la solamina provoca en las personas con problemas respiratorios y peinado "anasagasti".

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